Andrés Forero: Hoy no se vale rezar por la Amazonía ni siquiera por la humanidad

Por Andrés Forero, periodista colombiano.

Es claro que perdemos la batalla por el futuro, por la supervivencia. Resulta hipócrita creer que un hashtag o una publicación de redes sociales van a servir para contrarrestar los efectos de la depredación que agudiza el cambio climático, cuando lo hacemos desde la comodidad de nuestra casa, con todas las bombillas encendidas, mientras tomamos los alimentos de empaques de icopor. Es una verdadera tragedia, lo que desde el espacio confirman las imágenes satelitales, el pulmón del mundo, el estabilizador del clima del planeta se consume sin que se emprendan esfuerzos suficientes para combatir el fuego. Estamos pagando el precio más alto de nuestras malas decisiones, de nuestro egoísmo frente a la madre tierra, en todas las dimensiones. Pasa por decisiones políticas al elegir líderes con voraces intereses y visiones extractivistas como Jair Bolsonaro o insensatos como Donald Trump para quien el calentamiento del planeta es un invento de los científicos. Pero también toca la esfera de la economía, de los mercados, de las acciones, del petróleo, del oro o del coltan, de la palma, hay que obtenerlo al costo que sea, aunque eso signifique derretir montañas, contaminar ríos o arrasar selvas. Y si queremos buscar una responsabilidad mucho más directa, entonces hay que poner la lupa sobre nuestros hábitos y rutinas: consumo descontrolado de nuestros recursos no renovables, sobreproducción de basura, comodidad a cambio de la destrucción de nuestro capital ambiental. Hace apenas unas semanas Naciones Unidas advirtió sobre la necesidad de reducir el consumo de carne como medida para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, la pregunta es cuántos estamos dispuestos a adaptar nuestros hábitos alimenticios y sacrificar el placer de una hamburguesa o un trozo de lomo a las brazas. Este escenario de apocalipsis sobre la selva amazónica, la única aspiradora de carbono que actúa para enfriar la temperatura global me hizo recordar este fragmento de la obra de Svetlana Aleksiévich, Voces de Chernobil: «En la tierra de Chernobil uno siente lástima del hombre, pero más de los animales… El hombre sólo se salva así mismo, traicionando al resto de los seres vivos…ni las fieras, ni las aves eran culpables de nada y morían en silencio que es algo aún más pavoroso» El mismo silencio de 17 días de incendios, que sólo se hicieron visibles cuando la nube de humo ocultó el sol de las urbes a las 2 de la tarde. Un silencio cómplice que pretende ignorar una realidad ineludible. Volviendo al comienzo, a lo mejor sirva de algo rezar, aunque las escrituras no nos den ventaja. El nuevo testamento relata como llegó Jesús al templo de Jerusalén y vio allí a unos animales dispuestos para el sacrificio ritual con los cuellos cortados y desangrándose. Entonces, Jesús gritó: «Habeis convertido la casa de oraciones en una cueva de ladrones», igual estamos haciendo con el mundo.

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